Hace unos años revisamos el proyecto de un edificio de mediana altura frente al río Rahue, donde los primeros sondeos revelaron intercalaciones de cenizas volcánicas y arenas limosas con nivel freático alto. El mandante entendió rápido que un sistema convencional de muros iba a transmitir demasiada energía sísmica a la superestructura, y ahí entró el diseño de aislación sísmica de base. En Osorno trabajamos sobre depósitos cuaternarios que mezclan lahares del volcán Osorno con suelos trumaos de origen alofánico, y esa variabilidad lateral exige un refinamiento que va más allá de aplicar un catálogo de aisladores. Integramos la respuesta dinámica del subsuelo con la demanda sísmica real, usando registros ajustados al peligro local definido por la NCh433.Of1996 Mod.2009. Antes de definir los dispositivos conviene tener claras las propiedades dinámicas del perfil, y por eso complementamos con un estudio de ondas superficiales MASW para obtener la velocidad de corte hasta 30 metros y clasificar el sitio según la norma vigente.
Un sistema de aislación sísmica de base bien diseñado reduce las aceleraciones de piso entre un 40% y un 70% respecto a una estructura de base fija, protegiendo la inversión durante toda su vida útil.
