Con una precipitación media anual que supera los 1.300 mm y ubicada a solo 64 msnm en la cuenca del Rahue, Osorno nos planta un desafío particular cada vez que se proyecta una excavación profunda. El manto freático aquí no es una anécdota: está prácticamente a la vuelta de la pala, y combinado con los finos limos volcánicos, la estabilidad de las paredes se convierte en la variable dominante del diseño geotécnico de excavaciones profundas. Hemos visto cómo proyectos que no consideran el efecto del agua intersticial terminan con deformaciones que comprometen la vialidad circundante y las redes sanitarias. Por eso nuestro enfoque parte siempre del monitoreo piezométrico y de un modelo de flujo saturado que anticipe el comportamiento durante la fase constructiva. Un ensayo CPT ejecutado antes del diseño nos da la estratigrafía continua y la presión de poros real, sin necesidad de alterar muestras en estos suelos tan sensibles al remoldeo.
En suelos volcánicos saturados de Osorno, la clave no es solo calcular el empuje, sino predecir la presión de poros durante la excavación.
